El día está más gris de lo normal, espirales de nubes cubrían hasta el horizonte. El Río de la Plata, que normalmente luce ese marrón submarino (una de las meriendas preferidas de los uruguayos, leche caliente con una barra maciza de chocolate que se derrite dentro), se ve más oscuro y como menos satinado. El tiempo ha aguantado bien los días anteriores, pero en Montevideo llueve mucho. Hasta en el mismo núcleo urbano, los solares de tierra seca están plagados de pasto. Todo es verde, de un verde cada vez más y más intenso conforme te alejas de la ciudad. Pero estamos en el barrio Colón: a las afueras, todavía lejos del campo. Nos dirigimos a Bodegas Carrau, una de las más grandes del Uruguay. Una empresa familiar cuya historia, centenaria y transfronteriza, viene desde Cataluña, en concreto desde la localidad de Vilassar de Mar.

Al llegar nos encontramos con una gran finca dividida en dos edificios: el de elaboración, producción e investigación —el del trabajo— por un lado; y el de...

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