No es tarea fácil para un viajero expatriado como yo hablarle (escribirle) a alguien lejano sobre Macao, ese lugar donde soy a la vez actor y espectador. Pero ¿qué no haría por mi ciudad de adopción?

Estamos en Macao, en el sur de China, un lugar que, desde la llegada de los portugueses en el siglo XVI y como único puerto abierto a los occidentales, siempre fue tierra de gentes de muchos credos y culturas diferentes que ejercían el rentable comercio marítimo, por aquel entonces motor de la economía de la ciudad. Hoy en día ese motor está en el turismo —esencialmente en su lado relacionado con el juego—, el mismo que rebautizó Macao, en tiempos aún de los portugueses, como la «Montecarlo de Oriente» y se promueve ahora, bajo la administración china y tras la respectiva liberalización, como «Las Vegas de Oriente». Hablamos de casinos que se volvieron tan lucrativos que sostienen con sus beneficios las quiebras de los parientes americanos pertenecientes a los mismos grupos hote...

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