Era 24 de junio de 1935. Carlos Gardel realizaba su primera gira por América Latina y en aquel periplo su avión hizo una parada técnica en Medellín. Durante el posterior despegue en el aeródromo Olaya Herrera de la capital de Antioquia, la aeronave, con destino Cali, se salió de la pista y chocó contra otro avión. En el incendió posterior murieron 17 de los 20 ocupantes que se encontraban en ambas aeronaves, entre ellos un Carlos Gardel que dejaba el mundo de los vivos en plena cúspide de su carrera artística. En Medellín murió el hombre. En Medellín nació el mito. Carlos Gardel sigue vivo.

Desde aquel funesto día, el tango, música triste y de añoranza, se convirtió en una especie de sub-cultura tradicional fetiche en una ciudad como Medellín, repleta de gente paisa llegada a la capital desde otros lugares y que, de alguna manera, encontró en aquellas tonadas desesperanzadas la evocación nostálgica que necesitaba.

Durante decenios y hasta finales del siglo pasado se generalizaron...

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