Altar —en pleno desierto de Sonora— es uno de los últimos pueblos antes de llegar a Estados Unidos. Desde aquí los «polleros» ayudan a los migrantes a cruzar la frontera a cambio de grandes cantidades de dinero. Óscar Martínez cuenta el conflicto de intereses que se genera entre los narcos y los juntadores, provocando, en muchas ocasiones, que ni las van, ni los migrantes ni los polleros lleguen a su destino.

 
El primer encuentro con Eliazar fue una tarde fría de invierno en el pueblo de Altar, la última población mexicana del desierto de Sonora antes de llegar al estado de Arizona.
Mientras caminaba por una polvorienta calle de ese pueblo, un sitio partido en dos por la carretera, con una alfombra de polvo de unos cinco centímetros de espesor y casas de ladrillo a medio terminar, escuché el siseo de aquel hombre de 45 años.
 

—Shhh, shhh —me llamó—. Venga, siéntese, descanse un rato, tómese un trago. A ver, ¿a qué parte de Es...

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