INTRO

 

Cuando apareció Corea del Sur por primera vez en mi vida, me di cuenta de que no tenía ni idea de esa pequeña península, situada entre China y Japón. Lo único que me sonaba era el Gangnam Style, el K-pop, el kimchi, los teléfonos Samsung, los coches Hyundai, las pantallas LG y un dictador que vivía en otro país, al norte de la península, y que era un loco que estaba desarrollando armas nucleares. Leí la trágica y terrible historia de Corea, colonizada por Japón entre 1910 y 1945 y destrozada por la guerra entre ambas Coreas, la del norte apoyada por Rusia y China y la del sur por EE. UU. En los años sesenta comenzó su milagrosa ruptura con los malos designios y toda la población se lanzó a una carrera desaforada para salir de la miseria en la que se encontraban inmersos. 
Cuanto más leía, mi atracción por el país, su cultura y su gente crecía con igual ímpetu. Pero no fue nada comparado con el tiempo que he vivido en su capital Seúl, una megalópolis de casi ...

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