Medellín yace estirada sobre un valle profundo y alargado de Sur a Norte, en el sentido del río que la recorre. De ahí que desde las calles del centro de la ciudad se vean levantarse más cerca las montañas de oriente y occidente, y un poco más lejos las del norte y el sur, pero al fin y al cabo montañas también, sólidas y enormes, aunque no del todo infranqueables. Si bien la ciudad nació en la parte baja de ese valle, año tras año va trepando por las cuestas, de modo que, cada vez más, el verde de los potreros y las arboledas va disminuyendo, arrinconado contra las cimas por el color naranja del ladrillo cocido de las construcciones.

La diferencia de altura que hay entre el fondo del valle, llamado de Aburrá por los indígenas que lo habitaban a la llegada de los españoles, y la cima de sus montañas es de algo más de mil metros verticales. De ahí que la temperatura arriba sea fresca y vaya calentándose a medida que descendemos por las laderas hasta el centro de la ciudad, donde se p...

--

Este contenido es sólo para suscriptores.

Consulta aquí las suscripciones que te permiten acompañarnos en este viaje.

Si ya eres suscriptor, accede indicando tu usuario y contraseña aquí debajo.

--