Medellín es la mejor palabra para iniciar una narración que tiene claros y oscuros, caos y tranquilidad, amor y odio y todo un contexto de filme de terror o por el contrario, de hermosas utopías.

Medellín es una palabra difícil de pronunciar acá y allá. Una palabra que se hizo famosa en todo el mundo por la aguda violencia y el fenómeno del narcotráfico. Esta ciudad a través de los años, viviendo, llorando, sonriendo, cayendo y huyendo de su incomodidad histórica, ha sabido esquivar sus mismas dificultades para caminar por el pavimento aún caliente de los días que sin espera, pasan frente a nuestros ojos cansados y enfermos de mirar.

Hace más de dos décadas, Medellín sonaba a Pablo Escobar, a carros bomba, a cocaína y a muerte. Y ahora, ¿a qué suena Medellín? Medellín canta con gritos de rabia, en medio de la anhelada paz de una autopista a estallar; a manera de susurro mientras los oídos transeúntes le temen a la noche que se cubre bajo la clandestinidad de su cielo; y en dulces...

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