El muro de Adriano, construido por el emperador romano entre los años 122 y 132, cruza Inglaterra de Este a Oeste. Aunque, según la autora, «aquí todo lo importante ha ocurrido ya», el camino permite recorrer una frontera que ya no existe a través de historias pasadas escondidas entre la roca.

Marguerite Yourcenar, la nómada que amaba los caminos solitarios, recreó la personalidad del emperador romano Adriano (76-138) y nos legó la imagen de un gobernante viajero y culto, regido por la moderación. La escritora francesa retrocedió dieciocho siglos para caminar junto a Adriano e interpretar sus derrotas, ambiciones y heridas, incitada por la célebre frase de Flaubert: «Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que el hombre estuvo solo». Yourcenar dedicó buena parte de su vida a definir a «ese hombre solo y, por lo demás, unido a todo».

En 2015, durante una semana de agosto, recorrí a pie los 8...

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