Imaginar lugares que no existen es más difícil de lo que parece. «He encontrado un mundo en el que ya no osaba creer», escribió Sophia de Mello Breyner al recalar en Grecia, resumiendo el sentimiento de numerosos escritores y personas con tendencia a soñar. Yo mismo descubrí en el Sudd un espacio natural que hasta entonces sólo había asociado al mundo de los videojuegos. El Sudd, situado al sur de Sudán, es un pantano grande como Gran Bretaña y repleto de islas flotantes. En su interior han perecido cientos de marineros y tripulaciones enteras de los barcos que quedaron atrapados en ese laberinto móvil, tan acorde con los escurridizos tiempos «líquidos» que vivimos. Se trata de una metáfora tan perfecta que se me antojó exclusiva de un sueño. Y entonces, la realidad.

De todos modos, como a ese otro laberinto de neuronas que nos mueve le encantan los desafíos, el empeño de superar al mundo físico a fuerza de fantasías va procurando un mapamundi alternativo que se funde de un ...

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