El flâneur, ese paseante ocioso y atento que enunció Baudelaire y desarrolló Walter Benjamin, sigue siendo relevante para entender y explicar nuestras ciudades. Pero, ¿y su variante femenina? ¿Cómo se relaciona esta figura literaria con los escollos que tuvieron que superar las mujeres europeas para acceder a las calles en pie de igualdad?

«La nuestra es una época dura para los flâneurs, no sólo porque nos hemos tomado en serio el viejo lema norteamericano “time is money” sino porque las propias condiciones de vida hacen de la flânerie algo poco agradable», escribía el 22 de mayo de 1936 Jules Janin para el periódico francés Le Temps. Ochenta y un años más tarde, en su ensayo Flâneuse. Women walk the cities, Lauren Elkin reclama el derecho a la ciudad para la flâneuse, para la paseante; para aquella mujer a la que Janin ni siquiera mencionaba, porque para Janin la flâneuse nunca había existido.

«Reclamamos nuestro derecho de enturbiar la paz, de observar (o no observar), de o...

--

Este contenido es sólo para suscriptores.

Consulta aquí las suscripciones que te permiten acompañarnos en este viaje.

Si ya eres suscriptor, accede indicando tu usuario y contraseña aquí debajo.

--