Cuando leemos a Heródoto, de vez en cuando nos encontramos con frases extrañas. Frases que terminan con dos puntos. Frases que seguramente preludiaban un dibujo. Vi esto. Aquello era así. Esos probables esbozos, ilustraciones y croquis han desaparecido. La historia del discurso del viaje nace de esa supresión. La literatura de viaje, por un lado; el dibujo del viaje, por el otro. Cuando, en realidad, lo natural, desde el principio, fue su conversación. Una conversación que fue siempre fluida en los cuadernos de los artistas y en los diarios de los viajeros, es decir, en el ámbito privado. Pero que, en cambio, siempre fue más difícil en las exposiciones de arte o en los libros publicados. El cómic y el cuaderno de viaje de los últimos veinticinco años han normalizado ese diálogo en público entre lo que escribimos y lo que dibujamos, entre lo que anotamos y lo que fotografiamos o diseñamos a partir de nuestros movimientos, de nuestros encuentros con lo ajeno. Hemos cerrado el círculo que...

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