Cogieron dos autobuses urbanos para llegar a aquella zona de Sofía, muy alejada de la catedral San Alejandro Nevski. Apenas había gente por la calle y entender los carteles, en cirílico, les llevó a situaciones que hoy recuerdan muy cómicas. Google Maps hizo el resto y se plantaron allí, ante lo que parecía un edificio de oficinas, donde, según habían leído en Internet, se encontraba el único bar de lesbianas abierto en la ciudad. No encontraron la puerta para entrar y, entre risas y frustración, volvieron al centro.

Vania y Alba viajaron de Estambul a Berlín en tren. En apenas 30 días visitaron 11 capitales. Muchas, de esa Europa que no sabemos poner en el mapa. Enamoradas, entusiasmadas y sin saber casi ni cómo presentarse en inglés, recorrieron un verano inolvidable entre el espíritu de Thelma y Louise; unas ganas locas por saber cómo eran y a qué se enfrentaban las lesbianas de las ciudades que visitaron; y el miedo a ser agredidas si se reconocían como pareja. Aquel ver...

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