«Demasiado al Este, es el Oeste» dice un proverbio inglés, y justo en ese lugar donde el Este se hace Oeste (o viceversa), está Macao, donde Oriente es Occidente.

La ciudad donde China y el mundo europeo se encontraron es la de las flamantes iglesias y la de los atractivos templos; la de los impresionantes edificios modernos cerca de antiguos espacios coloniales, el lugar en el que la tradición y la modernidad se entrecruzan.

Macao, la urbe de las dos caras, la ciudad del contraste definitivo: las aguas en las que navegaron los antiguos piratas hoy reflejan las luces de leds (ya no de neón) de los grandes casinos. Bullicio de turistas (casi 31 millones al año) que se hacen selfies ante un templo que huele a incienso. Ancianos que sonríen mientras hacen Tai Chi en un parque donde algunos niños dan de comer a las tortugas.

Con el profesor Jorge Cavalheiro revivimos historias del pasado por esas callejas en las que convivieron —nunca se mezclaron— personas, culturas, trad...

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