El mensaje patriarcal «no vayas sola» limita la disposición de las mujeres a viajar sin varón. En su camino las viajeras encuentran acoso sexual, agresiones verbales o físicas y prejuicios machistas que afrontan con estrategias de autodefensa y sentido común. Ellas lo tienen claro: viajar en solitario enriquece y empodera. 
Mar (nombre ficticio) decidió ir a ver a una amiga durante sus vacaciones. Viajaba sola. Durante el trayecto necesitó dejar la maleta unas horas en la estación de autobuses. Preguntó en consigna y el empleado, un hombre de mediana edad, la miró de arriba a abajo y le dijo: «Puedo ser bueno». «¿Cómo?», contestó ella desconcertada. «Si tú eres buena conmigo, yo puedo ser bueno contigo». Mar advirtió al empleado que denunciaría su insinuación sexual y le sacó una foto que difundió por las redes sociales para que el incidente no quedase impune: la empresa de autobuses se negó a identificarle y a tomar medidas contra él, amenazando a Mar con denunciarla por difamación.
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