El periodista Ralph Zapata Ruiz y el fotógrafo Sebastián Castañeda recorrieron los más de doscientos kilómetros de peregrinación hasta llegar al Santuario del Señor Cautivo de Ayabaca (Perú). Un viaje (¿periodístico o espiritual?) que pone a prueba pies, ánimos y prejuicios. 

«Desde lejos he venido,
Desde lejos he venido,
Para ver a mi Cautivo,
Para ver a mi Cautivo»
Canción entonada por los peregrinos
¿Qué motiva a una persona a caminar 230 kilómetros en cinco días? ¿A arrastrarse, cual culebra, por calles empedradas en una ciudad ubicada a 2.700 metros sobre el nivel del mar? ¿Por qué soporta hambre, dolor físico, un sol asesino, lluvia y frío? ¿Acaso la desesperación? ¿La pérdida de la fe en el mundo terrenal? ¿O el fanatismo hacia una imagen guardada en un templo? Esas preguntas brotan en mi cabeza mientras —acompañado por el aguerrido fotógrafo Sebastián Castañeda— nos unimos a la hermandad religiosa del Caserío Miraflores.
Es mediodía en Piura, y el sol está asesino....

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