Un río moldea los paisajes del noroeste de la península ibérica. Gastronomía, arquitectura, vino, tradiciones y leyendas son solo la parte más visible de los pueblos que se asoman a su curso. Un viaje recorriendo el Duero, ese flujo serpenteante que une culturas y desdibuja fronteras.

Ocho, nueve y siete. Tres números que suman los casi novecientos mil metros que recorre el río más importante del noroeste de la península ibérica.
Unos lo llaman «Duero» durante los 572 km que transcurre por territorio español.
Otros lo apodan «Douro» en esos 213 km navegables en los que recorre Portugal.
Y durante esos 112 km en los que el río hace de frontera invisible —que une más que separa dos países— cada uno le dice como quiere: «Douro». «Duero».
Tiene este nombre sonoridad fuerte, una personalidad marcada, y se pronuncia con hablar profundo. El río nace donde nacen las hadas, en la falda sur del pico de Urbión, muy cerca de esa poética Laguna Negra y algo poco por encim...

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