El músico Fernando Cabrera se ofende cuando escucha que Montevideo es gris. «No, señor. ¡Montevideo es verde! Volvé a Uruguay en avión y desde arriba vas a ver que es verde», exhorta sentado a la mesa de un bar. Es uno de los cantautores uruguayos de más renombre, pero nadie se acerca a pedirle una foto ni a hablarle de su último disco. Sólo para dejarlo comer tranquilo, por respeto. Le contesto a Cabrera que cuando se dice que Montevideo es gris va más allá de una disquisición cromática. Lo sabe, pero para él esa afirmación es de un simplismo mayúsculo. La postal del hombre quietito en su silla playera chupando una bombilla adentro de un mate, para él, no es sinónimo de abulia o pereza. «Ese hombre está reflexionando, está pensando. Somos profundos, filosóficos», dice. Y se la cree.

Grises o verdes, el mito del uruguayo sin estridencias ni excesos de euforia existe. Aunque luego del histórico arribo de los Rolling Stones al Centenario, las funciones del Cirque du Soleil y la inaugu...

--

Este contenido es sólo para suscriptores.

Consulta aquí las suscripciones que te permiten acompañarnos en este viaje.

Si ya eres suscriptor, accede indicando tu usuario y contraseña aquí debajo.

--